Lilith, la costilla de Dios

Dios, tras crear la Tierra, las plantas y los animales, creó al hombre y a la mujer con un poco de barro a su imagen y semejanza. A estos los llamó Adán y Lilith. Adán era el hombre, y debía ser fuerte y carismático; Lilith, sin embargo, debía ser obediente y sumisa. Eso, a la chica no le hacía mucha gracia, ya que creía que el hombre era igual a la mujer.
Muchas de las discusiones venían a la hora de mantener relaciones sexuales. Lilith se sentía ofendida por la postura acordada que él le exigía. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti?” — preguntaba—: “yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual“. Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilith, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios y lo abandonó. Esto hizo reflexionar a Dios que, finalmente, creó una mujer a partir de una costilla de Adán, para que así de alguna forma la vida de esa mujer dependiera de la de su esposo. De ahí salió Eva, la obediente y sumisa.

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